Hoy va a ser mas difícil. La cantidad de gente no es tan grande como otras veces en la sala de espera, pero hoy encontramos nuevos elementos perturbadores. Niños. En esa edad inquieta, capaces de correr saltar y gritar a los 4 vientos. No queda más remedio que encomendarse a Sennheiser y poner a prueba su capacidad de aislamiento. Gracias a Jobs funcionan. Vaya que si funcionan.
En la tele siguen sonando las mismas canciones. Eso es lo que me parece más increíble. No, no es una grabación pero lo parece. Por suerte para mi, la tele en directo es algo que cada vez vemos menos en casa. Prefiero las bondades que me ofrece mi sistema a la carta. Gracias a los Torrents que vienen desde USA y a los Subtítulos veo lo que me apetece a mi ritmo. “Di NO a la publicidad“.
Pero el tema de hoy no va por ahí. Continuamos en la sala de espera. Esta vez me encuentro con este titular : Una mujer es condenada por insultar a un médico, considerado agente de la autoridad por primera vez
Lo que menos me gusta de esta noticia es lo que veo en los comentarios de la noticia que enlazo. Ello solo demuestra una falta de conocimiento de las procelosas aguas en las que nos movemos los profesionales de la sanidad. Quizá ese sea el efecto buscado por quien impone esa forma de respetar sus condiciones de acceso y uso del sistema sanitario. Que el usuario cargue toda su frustración contra quien lo atiende, no contra el sistema que obliga al profesional a desarrollar su labor en condiciones lamentables. El sistema no es capaz de dar una cobertura aceptable, a medida del usuario. Por ello, culpabiliza al Usuario, que además de usar mal su sistema, agrede e insulta a sus profesionales.
Que sea un delito de mayor o menor envergadura no va a impedir que las agresiones e insultos se sigan produciendo. De la misma manera que las multas y las campañas de tráfico no impiden que nos saltemos de vez en cuando algún semáforo, por que no viene nadie, o que superemos el limite de velocidad, por que total, estamos solos en la carretera.
Sería mucho más beneficioso, para usuarios y profesionales, que los usuarios se entregaran a poner quejas/reclamaciones por escrito cada vez que se detectase alguna anomalía. Las quejas nunca deben ir dirigidas contra personas, si no contra “servicios”. Si la dotación de personal de un servicio es de 2, en lugar de 4, el responsable de que eso sea así no es el profesional que está allí. El responsable es quien no cubre el servicio convenientemente. Evidentemente, quien llega tarde a atenderte es el profesional que está allí, al pie del cañón trabajando. Es tan absurdo, como que te llamaran antes de ir a trabajar para decirte que falta un compañero y que tu eres el encargado de conseguir un suplente.
No todos los profesionales sanitarios están amparados igualmente por esta ley, por lo que el personal mercenario, a contrato, como es mi caso, puede ser libremente vapuleado, solo está amparado por las mismas leyes que el resto de los mortales, ya que carece de plaza en propiedad.
Quizá en un mundo perfecto, donde un médico de primaria no tenga que ver doce pacientes por hora, pueda permitirse el lujo de dedicar los minutos de ese paciente en tareas como dar un certificado, o incluso escuchar a su paciente y conversar. Muchas veces una buena palabra, hace mucho bien.
En ese mismo mundo perfecto, donde un enfermero pueda decirle a un paciente que está solo en la planta y que tendrá que esperar por que hay otra persona con una necesidad más urgente que la suya. A nosotros nos pagan por priorizar. En ese mundo perfecto donde no fuera delito que yo le dijera al paciente que pusiera una queja por haber solo un enfermero atendiendo una planta con más de 30 pacientes, cuando debiera haber al menos dos.
Un mundo donde todos pusiéramos quejas y reclamaciones y la administración fuera quien debiera responderlas y dar la cara.
Y que narices, puestos a pedir un mundo perfecto…