Hoy he tenido un recuerdo. Maldito café. Por un momento ha sido como regresar a un bar al que iba de vez en cuando a comer algún bocata que otro. En esa edad siempre tenía hambre y no había nada mejor que un bocata de carne con tomate para aplacarla. Pero no solo por estos bocatas era conocido este lugar. De vez en cuando alguien se aventuraba y se pedía un café. Más o menos toda la gente pasaba por allí de vez en cuando, cuando tenía algún problemilla de “regularidad”.
Yo llamaba al café “el tres pasos” en honor a la serpiente venenosa que tras morderte, su veneno mortal, solo te permitía avanzar tres pasos antes de morir.
Nunca he visto a nadie hacerle menos ascos al tigre de un bar. Tomarte un café y tentar a la suerte creyendo que podrías llegar a tu casa, podía ser un error. Tu esfínter de acero no lo resistiría y era por eso que el personal, disimuladamente se cercioraba de que el baño estuviese libre antes de proceder a tragarse el café.
Esta mañana he tenido la misma sensación en mi casa. Maldito café. Menos mal que esta mañana no tenía que salir de casa. Menos mal que no he hecho como siempre y me he tirado un café a la boca justo antes de salir por la puerta. No hubiera llegado al portal. Dicho queda, esta tarde, compro otra cafetera.



